Ensaladas

Recetas fáciles y prácticas con el sabor del aceto

Cinco recetas fáciles y ricas con un twist de aceto y oliva para que reinventes tu mesa. Todas las preparaciones están pensadas para dos personas. Animate
Recetas fáciles y prácticas con el sabor del aceto
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Ingredients
  1. Varios
Ensalada de rúcula, portobellos y pollo con aceto y oliva
  1. Una opción ideal para usar esa pechuga de pollo que te quedó freezada de cuando lo preparaste al horno. Partí cortando el pollo en daditos. Mientras tanto, en una sartén con un hilo de oliva hacé unos croutons de pan: basta con saltear cubos de miga hasta que queden dorados. Por otro lado, tomá uno o dos portobellos –según quieras darle más o menos relevancia como sabor– y cortalos en láminas. A continuación, mezclá todo en una ensaladera junto con un atado de rúcula. Condimentá con sal, oliva y aceto y un poco de pimienta negra recién molida. Si te parece que le falta algo, agregá queso rallado grueso y algunas semillas de girasol o sésamo.
Langostinos a las hierbas con aceto y oliva
  1. De por sí, los langostinos tienen un sabor fuerte, por lo que no es necesario combinarlos con muchos ingredientes. El truco está en preparar una buena marinada con aceto y oliva (un pocillo de café con 2/3 de oliva y el resto de aceto) junto con hierbas aromáticas, como una ramita de romero o eneldo, además de pimienta y sal a gusto. Dejá reposar los langostinos marinados en la heladera, en un recipiente tapado con film, durante al menos media hora. Luego, colocalos en una fuente envuelta en papel aluminio, adentro del horno ya caliente. Se cocinan en 10 o 15 minutos. Una vez listos, servilos con papas hervidas con cáscara, regadas con oliva y pimienta.
Solomillo de cerdo a la sartén con aceto y oliva
  1. Este corte de cerdo tiende a secarse, por lo que una buena cocción rápida hace que se dore y conserve el jugo que lo vuelve delicioso. Para ello, es clave cortarlo en medallones de dos o tres dedos de ancho y salarlos antes de cocinarlos. Luego, se los deja marinar con aceto, oliva, romero y pimienta negra durante media hora. Empezá la cocción con un hilo de oliva en la sartén, colocando los medallones desde que está fría. Sellalos y reservalos. En la misma sartén, poné oliva nuevamente, esta vez a fuego suave, y sumá un diente de ajo cortado en láminas. Cuando despida su aroma, agregá la marinada, el solomillo, un peperoncino (o ají molido) y un dedal de jengibre rallado. Cociná todo a fuego fuerte y, de ser necesario, ajustá la sal. Estará listo en unos 7-10 minutos. Serví la carne con un refuerzo de aceto y acompañalo con un puré de calabazas con pimienta negra.
Pechuguitas de pollo al aceto y oliva
  1. Las pechugas de pollo pueden resultar algo insípidas si no se las prepara bien, pero tienen la enorme virtud de que unos pocos ingredientes cambian su sabor completamente. Así, con esta receta –y sus múltiples variaciones– podés lograr un plato sencillo y sabroso en poco tiempo. Cortá dos pechugas pequeñas (tienen más sabor que las grandes) en dados o tiritas, como más te guste. Sellá el pollo en una sartén caliente, con un hilo de oliva y sal. Reservalo. En la misma sartén, salteá medio morrón cortado en brunoise. Un minuto más tarde, añadí un diente de ajo picado fino y desglasá con un chorrito de aceto. Luego sumá el pollo y remové para que la cocción sea pareja. La carne estará lista en unos 8 minutos. En el proceso, controlá que no se seque la base de aceto y agregá más de ser necesario. Al servir, decorá con un puñado de semillas de sésamo y condimentá con pimienta negra a gusto. La guarnición puede ser arroz o ensaladas.
Frutillas en reducción de aceto
  1. Postre de estación, es muy fácil de hacer y sorprende a todo el mundo. Precisás, eso sí, frutillas maduras y sabrosas (si son medio sosas, el postre pierde toda gracia). Para preparar la reducción necesitás una taza de aceto, una cucharada de azúcar y un dadito de manteca. Empezá volcando el aceto en una sartén a fuego suave, de forma que su contenido en agua se evapore lentamente. Incorporá el azúcar cuando haya perdido un tercio del volumen. Revolviendo siempre, cuando alcances la mitad de líquido ya vas a estar frente a una suerte de melaza cuyo punto está casi listo; deberás regular según la densidad que busques. Añadí el dado de manteca, que aportará brillo y textura. Dejá enfriar el resultado en la heladera. Serví las frutillas enteras con unos hilos de reducción encima y un dip para que los comensales refuercen la cantidad a gusto. Verás cómo el sabor de las frutillas y la frescura caramelosa del aceto se llevan de maravilla.
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