De Lugares y Sabores
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1. Goyenechea Rosé 2014 ($47). Cuando el calor es el rey y el sol hace de la sombra un deseo realizable, un rosado frío, frutal y delicado es algo así como un aire acondicionado personal que vuelve a la vida el pensamiento. Y para eso, es clave que el vino tenga una entrada apenas dulce, un paso fresco y tirante, y un andar que no exija nada al intelecto, como si el ocio de la playa también fuera el del vino. Así es este rosado de Goyenechea que tiene, además, el mérito del buen precio.

2. Domaine Bousquet Rosé 2014 ($70). Bajo una sombrilla, una frapera rebosante de hielo con una botella de rosado es un milagro de la civilización. Milagro, porque crear frío cuando manda el sudor es toda una proeza, por un lado, mientras que, por otro, que exista un vino color salmón y perfumado para verter en la copa, es algo más que un gusto en sorbos. En cualquier caso, para maravillarse con el ocio del verano, entre estos y otros devaneos, nada mejor que este corte de Malbec y Cabernet Franc de Uco.

3. Vuelà Pinot Gris RosÉ 2014 ($70). En el verano hay una hora en la que la tarde suelta un suspiro y afloja el calor, en la exacta medida en que las sombras se estiran sobre la arena en el horizonte. Para esa hora lánguida y fugaz, la idea es un rosado seco y vibrante. Uno en el que las frutas rojas resulten un aliento de frescura y el nervio del vino una cuerda fría en la que hamacarse. Para tener un final de tarde así hay que elegir bien. Y bien, en este caso, se dice Vuela Pinot Gris Rosé. Acordate.

4. Tercos Sangiovese 2013 ($76). No todo es liviandad en la temporada estival. También la parrilla, aún cuando el calor aprieta, reina en los jardines y las playas. Y ahí no puede faltar un tinto ligero para poner en la mesa. Uno que mejore la relación entre una entraña bien jugosa y los 32 de térmica, uno que resulte versátil con la frescura de la ensalada criolla y la contundencia de un chorizo bombón. Así es este suave y ligero Sangiovese elaborado en Mendoza por Patricio Santos, ideal por su simpleza para el asado veraniego.

5. Gran Linaje Torrontés 2014 ($105). El verano tiene su perfume: el bronceador hacia el mediodía, el agua clorada cuando cae la tarde y el pasto recién cortado y regado a primera hora de la noche. Y en ese jardín real o deseado, el vino tiene que aportar los suyos, con recuerdos de jazmín, lima y algo de muscat. Exactamente como es Gran Linaje, que suma, además, una boca envolvente y chispeante de frescura, para sumarle a los sentidos el ruido imaginario de dos rocas de hielos chocando en el paladar.

6. Salentein Chardonnay 2013 ($120). Las comidas estivales tienen un sabor distinto. Reina el guacamole, manda el gazpacho y las ensaladas verdes con gotas de limón forman el ABC de cualquier mediodía. Puede, en un arrebato de gracia, haber un perfumado melón rocío de miel con unas láminas de jamón crudo fundente. Y si todo eso sucede, lo mejor es poner sobre la mesa un Chardonnay como este: fragante, con trazos de peras y avellanas, y un paladar al mismo tiempo cremoso y tenso.

Por Joaquín Hidalgo - Planeta Joy

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