Vinos Recomendados

Clicks modernos: el nuevo estilo de los tintos argentinos

La revolución de las bodegas nacionales consiste en convertir los tintos por todos conocidos en algo nuevo y vitalizante: ejemplares de frescura alta y estructura delgada.

Terroir. Variedades raras. Una nueva generación de enólogos. Esas son las variables que inciden con fuerza en el vino local para que hoy emerjan un puñado de tintos curiosos que prometen a su vez revolucionar el vino argentino en el mediano plazo.

Se trata de un giro deseable. Luego de 20 años consolidando una oferta de exportación, vinculada a un estilo de vinos potente, de entrada dulzona y con cuerpo, ahora las bodegas buscan renovar la oferta para captar a nuevos consumidores. Como un goteo que al final se convierte en cascada, hace unos cinco años comenzó una migración estilística en busca de frescura y ligereza. Entonces, involucraba a unos pocos vinos que, a fuerza de ser distintos, consiguieron abrir una brecha entre los consumidores especializados primero y ahora llegan al gran público.

Ahí estaban Hijo Pródigo, AVE, Bonarda Pura, El Enemigo como primeros tintos modernos,  que estaban pensados más como en la Borgoña que como en Burdeos: esto es, conseguían sabores cautivadores sin tener que apretar el paso con taninos ni exagerar peso o buscar concentración. Hoy, ese estilo de tintos gana presencia. Y lo que entonces era una propuesta de nicho, tiene espacio propio en la góndola. Es turno del gran consumidor de juzgar el giro estilístico y reconocerse o no en los tintos modernos de la Argentina.

Sin embargo, este giro supuso tres modificaciones importantes, a saber:

Terroir. Ahora están maduros los viñedos que fueron plantados a fines de los 90 y comienzos de los 2000 en el alto Valle de Uco, principalmente en Los Árboles, Gualtallary, Vista Flores, Altamira. En estas zonas, más frías que las del resto de la provincia de Mendoza, la entrada de uvas de calidad a las bodegas ofrece un primer trazo de frescura y fruta más brillante que lo que se consumía antes. Pero, además, también los enólogos están listos para potenciar esa capacidad.

Nueva generación de enólogos. Están entre los treinta y pico y los cuarenta y tantos. Son enólogos que se formaron haciendo vendimias en Estados Unidos y Europa, principalmente y desarrollaron un fino olfato y paladar para las rarezas de Borgoña, una región de Francia que ofrece diversidad. Y se propusieron representar esa expresión de los nuevos terroir, como hacen los borgoñones. Así, Matías Michelini, Alejandro Vigil, Sebastián Zuccardi, por mencionar tres de ellos, pusieron el foco en conseguir vino con identidad de terruño.

Otras variedades. La movida del cambio estilístico empezó con uvas que no tenían un pasado gustativo para el mercado. Es decir, que el consumidor no tenía idea de qué esperar. Así, Cabernet Franc, Petit Verdot y Pinot Noir, un poco por personalidad de la uva y otro porque las bodegas decidieron apostar por la novedad, hicieron una primera línea de tintos diferentes en estilo. Estilo novedoso que ahora llega a los Malbecs, Cabernets y Bonardas, en torno a la frescura y ligereza de paladar. Vinos más lineales que amplios, como se dice en la jerga.

tumblr_nornjau1CU1ty5xbho2_1280

MODERN TIMES

Así las cosas, ahora en la góndola es posible encontrar sabores y estéticas renovadas. Gran parte de este fenómeno se debe a que hay público con un nuevo paladar y un nuevo ojo para la etiquetas. ¿Estás buscando botellas originales para tu cava hogareña? Acá armamos un top ten para que puedas empezar a entrenar tu paladar en una nueva gama de tintos modernos que llegaron para quedarse.

El Enemigo Bonarda (2012, $380). Elaborado por Alejandro Vigil, uno de los enólogos con mayor capacidad creativa de nuestro país, El Enemigo combina una estética clásica con un vino absolutamente moderno. Vigil reinventa una variedad sin brillo como la Bonarda y la convierte en un tinto elegante y aromático, de paso suelto, jugoso y a la vez lleno de sabor frutal. Este vino resultó piedra angular de todo lo que vendría luego: los Gran Enemigo Cabernet Franc, por ejemplo, que marcan un antes y un después en la variedad.

Zaha Malbec (2012, $300). Alejandro Sejanovich es uno de los representantes más claros de esta movida. Agrónomo con años de trayectoria, llegó a conocer al dedillo los viñedos de Uco. Echando mano a ese expertise, selecciona tres lotes para hacer este vino, con suelos diferentes, siempre de La Consulta. Además, co-fermenta el Malbec con un pelín de Cabernet Franc y Petit Verdot, para aportar distinción. El resultado es un tinto bien aromático, con una boca de paso suelto y profundo en sabor, rica frescura y largo final frutado y apenas expectorante.

Eggo Tinto de Tiza Malbec (2012, $265). Desde el nombre, este vino elaborado por los hermanos Matías y Pablo Michelini, con uvas de Gualtallary, propone algo nuevo. Eggo, porque está elaborado en huevos de hormigón, y tinto de tiza, porque describe la textura que ofrece en boca: la misma sensación harinosa que deja el talco al soplar un globo o la tiza al borrar un pizarrón. Esa sensación, sumada a una acidez jugosa, hace de este Malbec un ejemplar ya no raro, sino más bien de otro planeta. Exagerado en su trazo, sorprende de verdad.

Chaman Blend (2011, $165). Luis Reginato es un joven enólogo que dirige los viñedos de Catena Zapata, además de elaborar espumantes en la bodega familiar. En este vino, corte de Petit Verdot, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Malbec, ofrece un tinto de estilo propio, precisamente por la singularidad del blend. Complejo en aromas, al paladar entra con ímpetu, buen sabor y frescura elevada y jugosa. Vino moderno y a la vez universal, novedoso en su apuesta a nivel local.

Pródigo Tempranillo (2011, $150). Alessandro Speri, italiano, proviene de una larga tradición familiar vinculada al vino en el Véneto. Un poco por esa extracción, y otro poco por gusto propio, elabora tintos de paso suelto y llenos de sabor, cuya máxima expresión es este Tempranillo. Elaborado por el enólogo Atili Pagli con uvas de La Consulta, San Carlos, se destaca un trazo de frutilla y un paladar delicado, tal y como son algunos tintos gastronómicos italianos. Con un plus: la etiqueta, cuyos textos presuntamente censurados con un marcador negro dejan solo la información útil a la vista. Un guiño que describe bien al vino.

Cara Sur Bonarda (2012, $140). Sebastián Zuccardi, agrónomo y enólogo, tiene inquietudes creativas. Y además de desarrollar la alta gama de la bodega familiar, produce con dos socios este Bonarda sanjuanino, a partir de un viñedo ubicado en Barreal, Calingasta, en plena cordillera sanjuanina. Bien frutal, el paladar es delgado como el de un blanco y sostenido por una frescura nerviosa que lo convierte en un tinto perfecto para beber frío. En la cresta de la nueva tendencia, incluso sacan con la misma marca un Criolla varietal –una deliciosa herejía– que resulta parecido a un Pinot Noir en textura y expresión aromática.

Hey Malbec (2013, $130). Otro de los enólogos jóvenes que reinventan los tintos locales es Matías Riccitelli. En su caso, como resultado de una curiosa combinación: tintos elegantes de factura clásica y conceptualmente novedosos. Hey Malbec es el caso paradigmático. Con un superhéroe de historieta en una etiqueta verde agua, sorprende por su estética de comic y algo nerd. Dirigido a un público joven, este Malbec ofrece un perfil frutal y carnoso, de frescura promedio, en el que no hay ni un trazo de taninos duros.

Maula & Misery Mouse Malbec (2013, $92). Bodega Margot, empleando uvas de Tupungato, lleva un par de vendimias experimentando con Malbec de perfil delgado y elevada frescura. Este es un ejemplo cabal de lo que se puede conseguir si a la variedad no se le exige solo carnosidad y volumen. Con un andar jugoso y tirante, pasa por la boca como una flecha sabor ciruela que deja una estela ácida muy grata.

LOVE Malbec (2013, $81). Elaborado por Finca Las Moras, LOVE es el ejemplo perfecto de un vino enfocado en nuevos segmentos de consumidores, cuya modernidad reside en la propuesta conceptual antes que en el vino. Sin embargo, a la hora de la copa, este tinto de aromática frutada y boca golosa, equilibra con una acidez jugosa que gusta y termina la experiencia con una sensación jovial. Tinto perfecto para paladares nuevos.

Imago Red Blend (2014, $61). Lanzado a fines de 2014, este vino de Bodega Trapiche representa un acercamiento moderno a los consumidores actuales. Pensado como una botella que ofrece la oportunidad de imaginar, y apuesta por la seducción del momento, este blend de Cabernet Sauvignon y Malbec se propone como un tinto sencillo y de paladar cordial y goloso, con un regusto frutal, perfecto para darse un gusto sin que la botella demande conocimiento. En eso reside, precisamente, la modernidad de este vino: en romper el código estándar del vino.

PALADAR REDONDITO

Para el alma ricotera que varias generaciones llevan dentro, Ji Ji Ji Malbec-Pinot Noir 2014  se presenta como un nostálgico canto de sirena. Elaborado por Andrea Muffato y Gerardo Michelini, este tinto combina al 50% dos uvas que pocas veces se ven juntas. Fruta pura, con trazo terroso a la nariz, en boca el vino es flaco (apenas 12,2% de alcohol), con una frescura notable y de largo final. Perfecto para beber en días de calor o con una pizza crocante, propone además un claro corte generacional. Lo conseguís a 125 pesos.

Por Joaquín Hidalgo
COMER. BEBER. SABER. VIAJAR. CRECER