De Lugares y Sabores
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Notas de Viaje

La Ruta de los Siete Lagos: aventura, belleza y felicidad

La imagen tomada con un drone muestra un camino sinuoso que de norte a sur abraza lagos, bosques frondosos, ríos y cascadas, mientras se interna cada vez más en la Cordillera de los Andes. El trazado es casi idéntico al impreso en los mapas de aquel tramo de la Ruta Nacional 40 que une, en la provincia de Neuquén, las localidades de San Martín de los Andes y Villa La Angostura.

Entre ambas aldeas turísticas y con aquella mítica vía como referencia se despliega la Ruta de los Siete Lagos, un recorrido de 110 kilómetros en el que se revela la esencia de la geografía patagónica: senderos serpenteantes, paisajes disímiles, explosión de colores y espejos de agua cristalinos.

Ese corredor, que atraviesa los parques nacionales Lanín y Nahuel Huapi, discurre a la vera de los lagos Lácar, Machónico, Falkner, Villarino, Escondido, Espejo y Correntoso. El Nahuel Huapi también puede ser parte de la lista, al igual que otros lagos a los que se llega siguiendo algunas desviaciones como Meliquinia, Hermoso, Traful y Espejo Chico.

La travesía, que en auto demanda tres horas de viaje, también puede ser realizada a caballo o en bicicleta, haciendo pausas sin plazo e incluso pernoctar en sitios encantados que se descubren al “hacer foco” con nuestros propios ojos en esos parajes que, por fortuna, se manifiestan con un rostro muy distinto al plasmado en mapas y fotografías.

Más allá de la insuperable belleza del paisaje, el hecho de que a mediados del año pasado se concluyeran las obras de asfalto del camino, fue una de las razones por las que esta Ruta resultó elegida comoDestino 2016 por el diario The New York Times.

Destellos plateados

A orillas del lago Lácar florece San Martín de los Andes, uno de los destinos turísticos por excelencia de la región, que puede tomarse como punto de partida del corredor desde el norte hacia el sur. La avenida San Martín, donde se concentra la actividad comercial, desciende hacia el inmenso espejo azul. En los días largos del verano patagónico (oscurece después las 21), las playas Catitre y Quila Quina son muy concurridas y hasta hay quienes se animan a nadar en sus aguas heladas.

Pero la excursión por excelencia es la navegación por el Lácar, en una lancha que parte a diario desde el muelle de la Costanera. Varias horas de marcha conducen hasta las nacientes del río Hua Hum, casi en el límite con Chile, donde se desembarca para hacer un alto en el restaurante y disfrutar de la playa.

 

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El viaje lleva al paraje mapuche Trompul, a la misteriosa isla Santa Teresita e incluye una parada en el puerto de Chachín para visitar una cascada que se alcanza tras una caminata en ascenso de poco más de media hora en plena selva valdiviana. La aventura se desarrolla a lo largo de un sendero que discurre entre altísimos canelos.

Lo ideal es reservarse uno o dos días en San Martín de los Andes y probar el remo de travesía en otro lago del corredor, el Machónico, uno de los más elegidos para los deportes acuáticos y con un imponente mirador natural. Desde el agua, los bosques vírgenes se aprecian en todo su esplendor y espesura.

La salida no tiene mayor dificultad y es una buena oportunidad para realizar un avistaje de aves típicas de la zona. Este lago se alcanza tomando la ruta que bordea el Lácar con rumbo sur y conecta con el resto de los espejos de agua. Se trata de la ruta 40 (ex ruta 234).

A la altura del kilómetro 43 se encuentra la Cascada Vullignanco, un salto de 35 metros que cae en dos brazos por obra de una enorme roca que divide las aguas e indica el ingreso al Parque Nacional Nahuel Huapi. Desde su mirador se aprecia el recorrido del río Filuco, que se abre paso entre el bosque.

Aventuras agrestes

Dos lagos unidos por un pequeño curso de agua aparecen repentinamente, cada uno a un lado de la ruta 40. Primero se divisa el Falkner, a la izquierda. Tras una curva del camino, a la derecha surge el Villarino. Se dice que el primero es “el más bonito” de la Ruta de los Siete Lagos, pero es injusto restarle belleza a los otros.

Tal vez, a favor de este espejo de agua juega el hecho de estar protegido del viento y sus playas extensas, muy buscadas por los turistas. Especialmente, los mochileros optan por tomar un descanso en este punto –exactamente la mitad del recorrido–, donde funciona un camping agreste sólo de uso diurno.

También el lago Villarino, enmarcado por cordones montañosos y un bosque de coihues, posee un camping libre, mayormente visitado por los aficionados a la pesca con mosca de truchas arco iris, cuyos ejemplares, dicen los expertos, llegan a pesar hasta dos kilos.

Avanzamos. Estamos atentos a ver al lago Escondido, cuyas aguas de color verde esmeralda apenas se divisan entre el espeso follaje de los coihues. El camino desciende –un desvío propone la opción de visitar el recreo del lago Pichi Traful– y varios kilómetros más adelante, en una curva pronunciada de la ruta 40 que vira hacia la derecha, aparece el lago Correntoso, uno de los más extensos de esta ruta, con amplias playas y bahías que resguardan del viento.

Es uno de los sitios recomendados para zambullirse, ya que tiene aguas un poco más “cálidas” que el resto, así como para practicar remo y canotaje.

La traza de la ruta 40 acompaña un sector de la margen del Correntoso y luego serpentea hacia la izquierda, hasta encontrarse con el lago Espejo, cuya superficie se extiende casi hasta el límite con Chile. Su nombre deriva del modo en que el paisaje se refleja con exactitud sobre el agua calma. Esa superficie aterciopelada invita a navegar en duckies, una variedad muy estable de kayak inflable.

El recorrido cercano a las márgenes deja ver el fondo gracias a la transparencia del agua. Después de remar poco más de una hora se llega a una playa solitaria de arena volcánica para practicar snorkel: allí se pueden observar truchas, percas, bancos de almejas e increíbles bosques sumergidos. Después de la aventura llega el pic-nic y el descanso hasta el regreso, que se emprende por la tarde –siempre con viento a favor– y hasta se pueden barrenar pequeñas olas.

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Bien cortito

Poco antes de llegar a Villa La Angostura, volvemos a ver el Correntoso: la ruta 40 cruza un puente ubicado sobre el río homónimo y –según indica un cartel– conocido como “el más corto del mundo”. Algunos rebautizaron este paso acuático, que une los lagos Correntoso y Nahuel Huapi y suele tener buen pique de truchas con mosca, como “Río Mínimo”.

Desde Villa La Angostura parten distintos senderos de trekking autoguiados, que bordean los lagos y proporcionan otras perspectivas del paisaje. Uno de los más transitados es el Camino Viejo, que parte de la ruta 40, a la altura del balneario del lago Espejo, y finaliza en el puente peatonal Correntoso, muy cerca del ejido urbano. Durante tres horas, el multitudinario desfile de aves autóctonas hace que la caminata devenga en un apasionante safari fotográfico.

Varios desvíos de la ruta 40 permiten llegar a otros lagos, como el Melinquina, el Hermoso y el Traful (ver La aldea encantada, pág 18). También se puede acceder a la cascada Ñivinco –cruzando a vadeo el río Pichi Traful– y a las caídas de agua Santa Ana y Dora, hacia Chile. Muchas otras sendas, ríos y rincones vírgenes se descubren cuando uno se toma el tiempo necesario para recorrer estos paisajes impactantes. Algo que, inevitablemente, sucede cada vez que se viaja a la Patagonia.

María Zacco / Especial para Clarín

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