Notas de Viaje

Comida al paso: tendencia mundial, pasión viajera

Pasta con cordero en Marrakech, arroz picante en el sudeste asiático, conos de pesce fritto en Sicilia y una currywurst para chuparse los dedos en Berlín. Antojitos mexicanos y food trucks neoyorquinos. Pocos placeres igualan una buena comida callejera. Acá, una guía de 10 destinos del mundo para disfrutarla.

Tal vez alguien quiera debatir al respecto, pero los argentinos no se muestran muy adeptos a la comida al paso o streetfood. Aunque estén brotando algunas ferias urbanas, son aisladas. Uno no va a la Patagonia y pide una porción de cordero al pan, ni anda encargando en puestitos del Noroeste humitas o tamales. Sí una garrapiñada, algodón de azúcar, torta frita, pastelito, choripán o empanada en alguna feria ocasional.

Es una suerte que esté a mano el mapa mundial completo para incursionar en la comida callejera. Porque si acá la tradición invita a sentarse largo y tendido a la mesa, charla mediante, o experimentar algún mostrador (en un plan gasolero y con poco tiempo para largas sobremesas), el resto del globo ofrece sabores autóctonos –a veces inolvidables– en puestos itinerantes que no se parecen mucho a los restaurantes con todas las letras. 

Los formatos son básicamente dos: food trucks, esa suerte de buses, trailers o camionetas con mostrador incluido (y, en general, ¡heladera!), y los mucho más modestos “carritos”, tan comunes en materia de panchos y pochoclos, que en ciertos destinos preparan platos de receta bien compleja.

Como un paracaidista bastante trendy apareció el sustantivo food-bike para designar algunos de estos carros rodantes, si son bicicletas. Y en el rubro “al paso”, habría que sumar, aunque carezca de ruedas, el clásico puestito o stand de feria.

Snacks, licuados y jugos a base de frutas y vegetales, las mil versiones de empanadas o “tacos” con ingredientes variados: sea pollo, carne de vaca, de cordero, sea cerdo o versiones veggie. Choclos en la mano, porciones de pizza, helados, dulces locales, opciones veganas (sin derivados del mundo animal), macrobióticas, healthy a full o guisos hipercalóricos, paellas, hot dogs y otros sabores conforman una lista eterna.

Los food trucks neoyorquinos son una opción magnífica para probar comida étnica o, simplemente, un buen pancho.
Pero, ojo: el cuidado con aquello que se consuma, la frescura de los alimentos y su higiene son claves para concretar un viaje sin riesgos. Con esta pauta seleccionamos diez destinos donde los puestos de comida al paso proliferan y son concurridos por residentes y extranjeros. 

La selección, como todas, debió ser acotada y, por lo tanto, es arbitraria. Es que la comida callejera hace a la esencia cultural de cualquier pueblo… tanto es así que el rubro moviliza mucho dinero: unos 127 millones de dólares por año. O más, ya que esta cifra se remonta a datos de 2012, cuando la consultora McCann Worldgroup llevó a cabo la encuesta Truth about the street (“Verdad sobre la calle”). El estudio buscó establecer los hábitos de consumo callejero de 12.000 comensales de 25 ciudades latinas.

O sea, esos caminantes distraídos a los que se les abre el apetito luego de sentir el embriagador aroma a castañas en una calle de España, o de habas tostadas en Bolivia. 

Puestitos del paisaje. Puestitos a pulmón y de corazón abierto. Pero sin estrellas Michelin.

 

San Pablo, del mercado central a los “food-parks”

Un repaso por los parques de comida urbana y el mítico “Mercadão”, donde se consiguen delicias populares y -juran los expertos- el mejor sándwich de mortadela con queso de la región.

En San Pablo, Brasil, comidas de primer nivel en el Mercado Municipal.

En San Pablo, Brasil, comidas de primer nivel en el Mercado Municipal.

Es cierto que hay increíbles tapiocas (crêpes con harina de mandioca, tipo arepas venezolanas), deliciosos salgadinhos, bollos, croquetas, pastelitos, empanadas y tartas variadas en la siempre cautivante Río de Janeiro, destino favorito para muchos turistas.

Sin embargo, es San Pablo una de las ciudades que más sorprende enBrasil con su abanico de comidas al paso. En especial, como un eco de un boom que hubo en 2014, luego de que se reglamentara adecuadamente la venta callejera.

comida callejera, San Pablo Faria Lima
Tal vez sea una moda llegada desde el norte del continente, pero lo cierto es que en la ciudad se ven muchos de los llamados food-parks, una condición que se da cuando se reúnen varios foodtrucks en un mismo sitio. Estos espacios son ideales para probar platos populares como el típico arroz con feijão (porotos), las coxinhas (croquetas de pollo) o una porción de escondidinho, básicamente, nuestro querido pastel de papas.

Uno para recomendar, entre las avenidas Rebouças y Brigadeiro Faria Lima (zona de negocios por excelencia, podría decirse) es el parque de comidas Piknik Faria Lima, que tiene buenos precios en los días de semana. Y, de los más nuevos que hay en la ciudad, el Marechal Food Park (de martes a domingo en el barrio Santa Cecilia) reúnen originales foodbikes, foodtrucks y trailers.

Otra opción es darse una vuelta por el Benê Food des Arts, una feria itinerante de comidas al paso que en estos días se está desplegando en la Praça Oswaldo Cruz, en el barrio Paraíso, al sur de la ciudad. 

O quizás, por un mercado paulista emblemático: el Mercadão, como es conocido el predio municipal que se ubica en un edificio simbólico para la arquitectura de los años 30, con sus enormes vitrales que retratan cultivos y actividades del campo. Es una buena opción para degustar una comida segura, con ingredientes frescos y recetas tradicionales o de estilo un poco más fast. 

¿Imperdible? En el Bar do Mané (de 1933), acodado en el mostrador, un especial de mortadela y queso. ¡El más cargado del mundo!

 

Antojitos mexicanos para viajeros a prueba de fuego

Intensos (y a veces muy picantes), los tacos, quesadillas y aguas frescas son íconos indiscutidos de los puestos callejeros de Puebla, Oaxaca y el Distrito Federal.
 
La cultura de la comida al paso es un común denominador de muchos destinos de México, donde lo que se destaca, antes que los sabores, es el divertido rótulo de “antojitos”. Lo segundo es el dato de que casi el 60 por ciento de los mexicanos come en locales al paso (mayormente en los mercados tradicionales) al menos una vez por semana. Y ahora sí, esas delicias que, si uno no ataja la situación a tiempo, pueden ser quedar impresas en la memoria como picantes recuerdos.

En especial los tacos (imperdible: “tacos al pastor”, parecidos alshawarma pero con un marinado diferente), los tamales y sopas, o las quesadillas, si tienen algo más que queso, como suele pasar. Además, habría que probar elotes (choclos: ojo si les pusieron picante, o “chile”, para los mexicanos) y algún huarache, peculiares tortillas de maíz que a veces tienen un relleno de frijol (poroto). Su rareza reside en la forma de suela de sandalia, es decir, de huarache… Otro sabor interesante es el de los chorizos verdes saborizados con espinaca y almendras.

Al perfume del cilantro, un condimento esencial de la comida mexicana, se suman las típicas “aguas frescas”. Tres muy especiales son el agua de tamarindo, el agua de Jamaica y la horchata de arroz. Hay que remarcar que los puestos en mercados mexicanos suelen ser, de alguna manera, de escala chica. En ellos prima un encantador carácter popular.

Por si hiciera falta reforzar la importancia que tiene, para la identidad local, la cocina típica, vale traer el dato de que en 2010 la Unesco incluyó la cocina tradicional mexicana en la Lista Representativa del Patrimonio Intangible de la Humanidad.

comida callejera, eat mexico

comida callejera, eat mexico

¿Dónde probarla? La ciudad de Puebla es una meca de la comida al paso. A no perderse los dulces que hacen, desde el siglo XVIII, las monjas del convento de Santa Clara.

Otro destino para destacar es Oaxaca: el imperdible es la tlayuda, larga tortilla con porotos fritos, queso de Oaxaca, salsa, carne, chorizo, nopales y palta.

Si uno está en la Ciudad de México, bastará darse una vuelta por el mercado Allende, en Coyoacán. Otras ferias urbanas recomendadas son el mercado San Juan Arcos de Belén, el Mercado Roma y la calle López, en el centro histórico.

¿Un consejo? Sumarse a las aglomeraciones: ir adonde vayan todos y en las horas pico. Es decir, confiar en donde comen los locales. Y como el agua corriente de México es conflictiva para el estómago argentino, lo mejor es evitar el hielo en las bebidas (www.visitmexico.com/es).

 

Nueva York, mucho más que un increíble hot dog

La Gran Manzana es una meca de los carros de comida: desde los clásicos panchos (bien cargados) hasta las donuts y sabores internacionales. 

Los food trucks neoyorquinos son una opción magnífica para probar comida étnica o, simplemente, un buen pancho.

Los food trucks neoyorquinos son una opción magnífica para probar comida étnica o, simplemente, un buen pancho.

Con la novedad difundida por estos días de una autoexigente red de wi-fi gratuito -con bocas insertadas en las viejas cabinas de teléfonos públicos- que se estaría implementando, Nueva York no deja de estar a la vanguardia en materia tecnológica. Así que, dispositivo en mano, lo más conveniente para el viajero que busque rica comida al paso es darse una pasadita online por webs como nyctruckfood.com, que permiten ver la ubicación del food truck más cercano a uno.

Pero siendo Estados Unidos, es evidente que en este caso no habrá “un” sello culinario, un sabor o plato puntual para destacar: en materia gastronómica (al menos…), Estados Unidos es una esponja del mundo. Y de allí, claro, saldrán sus propios covers culinarios.

Comida china, japonesa, italiana, francesa, turca, india, las populares barbecues, cocina cubana, mexicana, vegana o kosher se conseguirán sin problemas en plena calle.
O quizás se desee simplemente degustar una pizza, sándwiches o un helado. O un café con donuts.

También otros clásicos, de los cuales en el puesto número uno están los míticos hot dogs cargados de ingredientes variados y coloridos.

¿Dónde? Es imperdible darse una vuelta por Gray’s Papaya, en la calle Broadway 2090. Y si se busca un buen carrito callejero de panchos en Brooklyn, vale la pena pedirle un “perro con todo” a los venezolanos que los preparan en el local Santa Salsa, en la avenida Union 594 (www.nycgo.com/es).

 

No te vayas de Berlín sin tu “currywurst”

Como un plus de sus varios imanes culturales, la ciudad convoca también en el terreno gastronómico. Los trailers de comida popular y algunos mercados y ferias.

La mítica "currywurst" que se disfruta en las calles de Alemania.

La mítica “currywurst” que se disfruta en las calles de Alemania.

Dicen que la razón de que los foodtrucks empezaran a ser moneda corriente en Berlín, Alemania, es la proliferación de festivales gastronómicos que surgió en los últimos años. Lo cierto es que hay algunas especialidades -no sólo de la cocina alemana tradicional- que recomendamos probar.

Por ejemplo, The House of the Flying Dumplings es un famoso carro de comida que ofrece, precisamente, muy buenos dumplings de cerdo o tofu. Pero como organizan eventos privados, hay que estar atento a las redes sociales para saber por dónde andarán.

Una cita bastante difundida en Berlín es el Street-food Thursday (en el distrito Friedrichshain-Kreuzberg), que funciona los jueves en el Markthalle 9 (Mercado 9, markthalleneun.de), un espacio techado, ideal para ir a cenar. Lo particular de esta feria es que se ofrecen especialidades de otros países, mayormente orientales y africanas.

Un sabor típico alemán son unas croquetas de papa rallada (los famososlatkes de la cocina yiddish). Vale la pena probarlos en el local Die Dollen Knollen-Puffermanufaktur (diedollenknollen.eu), cuando los sábados de 10 a 16 se ponga en marcha el mercado Südstern, una suerte de farmers market berlinés.

En su versión más clásica, lo sirven con puré de manzana, pero conviene degustar la versión con queso cottage, con crema de zanahoria rallada, remolacha o pescado ahumado.

“En Berlín, siga el camión amarillo para probar sabrosa comida”. Este es el eslogan de Bunsmobile (bunsmobile.com), uno de los más emblemáticos foodtrucks de Berlín. Ofrece comida variada: hamburguesas caseras, sándwiches de cerdo, bollos de verdura, bebidas caseras (incluso vino “natural”) y propuestas de queso, como una muy tentadora “a la parrilla” (¿una suerte de provoleta?). Esencial: los dueños de este puesto itinerante solicitan a los comensales seguirlos en las redes sociales. De otro modo, no sabrán dónde andará el trailer.

Y hay que reservar algún almuerzo o cena para un rico currywurst, la mítica salchicha alemana que se sirve abierta a la mitad o en rodajas, cubierta de ketchup o salsa de tomate y curry en polvo. Claro, con papas fritas.

Curry 36 (curry36.de) es uno de los locales favoritos (ojo, suele haber cola), y los adeptos al picante, no dejen de darse una pasada por el local callejero de Curry & Chili (curry-chili.de), en la localidad berlinesa de Wedding (www.visitberlin.de/es).

 

Sabores con la intensidad del sur de Italia

Zeppole, panzerotto, gelatto, arancini, pesce fritto al cono y unos sándwiches para no olvidar nunca: delicias para comer al paso en las regiones de Apulia y Sicilia.

comida callejera, Italia

comida callejera, Italia

 Sobraría alabar la gastronomía de Italia, no sólo deliciosa sino sentimentalmente arraigada en la cultura rioplatense. El objetivo de estas líneas, en cambio, es hacer foco en el sur del país, donde se encuentran variantes culinarias menos conocidas en Argentina. O, si no, busque algunos manjares en las calles de la región de Apulia (Puglia, en italiano… ubicada en el taco de “la bota”). Podría ser un panzerotto, especie de empanada frita italiana con salsa de tomate y queso. Deliciosa. 

O, en Palermo, capital de la isla de Sicilia y una ciudad relevante en materia de comida callejera, algunos sabores más allá de la pasta, más allá del gelatto. Muchas delicias “al paso” son frituras: los arancini, bolas de arroz con salsa de carne y queso, o los roche, peculiaries bolas de papa.

También hay que caminar con un panelle en la mano, tajada frita de lo que sería una polenta con perejil, pero no de harina de maíz sino de garbanzos (se entiende… el plato surgió con la dominación árabe del siglo IX).

También persisten en Palermo desde la Edad Media unos sándwiches muy especiales, dedicados a viajeros temerarios: se llaman pani ca meusa y están rellenos bazo y pulmón de ternera, primero hervidos y luego salteados en manteca; a veces se suma un poco de queso rallado o ricota, lo que le da un sabor especia. Impresionará un poco, pero con su pan tierno cubierto de sésamo, este bocadillo es considerado una de las mayores delicias locales.

Quizás recuerde a los conos con rabas o cornalitos fritos de Mar del Plata, pero el pesce fritto al cono es otra especialidad típica de las ciudades del sur a orillas del mar. Desde ya, según el destino puede aparecer casi cualquier fruto marino dentro del cono.

Otro sabor para tomar nota se suele degustar bien fresco en la calle a fines de marzo, en la Festa di San Giuseppe. Por suerte se vende, además, en las panaderías italianas casi todo el año: primo hermano de las bolas de fraile argentinas, el zeppole es una factura típicamente napolitana, con forma de una rosquilla o de bola. Se fríe en aceite de oliva y se espolvorea con azúcar.

El relleno es un capítulo aparte, porque puede ser mermelada o crema pastelera, pero también alguna variante salada, como anchoas, un clásico de la región de Calabria, donde además estas bolas se llamanzippuli (www.italia.it/es).

 

En Marrakech, del cordero a la sopa de caracol

Como los encantadores de serpientes de la plaza Jemaa el Fna, los aromas de las pastas con cordero, el cous-cous y los kebabs cautivan, en plena calle, a los visitantes de la capital marroquí.

Pisar el otro lado del mundo no es para cualquiera en materia de sabores, donde dominan los guisos picantes, legumbres y especias menos conocidas, sabores agridulces, en fin, otra cosa.

En el mundillo de Marrakech, capital de Marruecos, todas las miradas apuntan a la famosa plaza Jemaa el Fna, epicentro de la movida. Hay que aclarar que la cocina marroquí comparte bastante con la de los países del norte de África, como Argelia y Túnez.

El espectáculo de la comida callejera en la capital marroquí.

El espectáculo de la comida callejera en la capital marroquí.

Pastas con cordero y cous-cous, kebabs, shawarma y tajines (de pollo, atún, sardinas, cordero, ternera, verduras…) son algunos de los clásicos. Hablando de verduras, los vegetarianos no deberían irse sin su cous-cous tfaya: además de trigo, lleva una mezcla de cebollas caramelizadas, garbanzos y pasas de uva.

Para beber, jugos de colores y variedades alucinantes. Y si de líquidos se trata, los marroquíes no tienen ni medio problema en tomar sopa de parados. Imperdible: ¡sopa de caracol!

Después del almuerzo o la cena, es momento de un té en hebras y, al paso, una sfenj, que vendría a ser una rosquilla frita tipo “donna”, bastante dulce, tanto si se cubrió con miel como azúcar (www.visitmorocco.com).

 

Al paso en Estambul: fusión gastronómica y cultural

A sabores difundidos como el donner kebab, las turkish delights y el baklava se suman varios secretos valiosos de la cocina turca.

Y por qué no probar los aromáticos, coloridos e intensos sabores de la cocina turca en Estambul, la metrópolis más poblada de Europa. Ok, ok… seamos justos con el inmenso costado asiático de esta ciudad transcontinental, que sólo a un lado del estrecho de Bósforo es oficialmente “europea”.

En el Gran Bazar y en el Bazar de las Especias se consiguen algunos de los mejores platos populares turcos.

En el Gran Bazar y en el Bazar de las Especias se consiguen algunos de los mejores platos populares turcos.

Pero lo que importa es entender que, una vez aquí, hay que estar dispuesto a comer de parado en alguno de los puestitos que se acumulan de manera natural en la calle y los mercados. Atención: puede haber mucha gente.

Sin embargo, en materia de comida no reina ningún caos sino los perfumes y el buen apetito, resultado de una fusión realmente compleja: sabores balcánicos, de Medio Oriente, asiáticos y africanos. Y aun más: con el tamiz que luego le aportaron los imperios selyúcida y otomano. Esta es la esencia de la cocina de Turquía.

Si bien hay mucho para probar, démosle un lugar importante al plato más internacionalizado de la región: el donner kebab (shawarma, en árabe; gyros, en griego), que sin mucha creatividad idiomática significa “carne a la parrilla que da vueltas”.

Para picotear entre comidas, muchos carritos por la calle venden el famoso simit, ese rico pan con forma de toroide que tiene montones de semillas de sésamo pegadas. Es ideal comerlo solo o con queso.

Otros platos típicos como el kuru fasulye son menos cómodos para degustar de parado, ¡pero igual se venden! Es un rico guiso (o más bien una sopa) de porotos blancos. Otro clásico es el sándwich de pescado turco (balik ekmek), un emblema local que lleva jugo de limón, cebolla y hojas verdes. “El” lugar para comerlo es el distrito Fatih, puntualmente en Eminönü, epicentro de la antigua ciudad amurallada de Constantinopla, un barrio recomendable para la gastronomía turca en general.

La referencia para llegar a este punto de Estambul es el puente Galata, y allí estarán amarrados los barcos que, tras la pesca, preparan, fresco, este emparedado típico. Por cierto, las autoridades locales se jactan de haber “ordenado” la situación descontrolada en la venta de platos del mar. Y hoy sólo unas pocas embarcaciones (súper llamativas, con adornos coloridos) comercializan ese rico tentempié.

Ah, se pueden matar dos pájaros de un tiro estando en Eminönü: los amantes de los dulces no deberían perderse el Bazar de las Especias -uno de los más cautivantes de Estambul- y hacerse de algunas turkish delights o una porción de baklava (cafecito turco en mano).

Y si van al Gran Bazar, sin dudas los invitarán desde más de una tienda con una humeante taza de té. Claro, antes de arrancar el obligado regateo (goturkey.com).

 

El embriagador perfume de la cocina “thai”

Pescados, mariscos, carnes y verduras al wok, sabores agridulces y tal vez picantes. En materia de comida callejera, Bangkok es un espectáculo día y noche.

Ver los mercados flotantes es un plan imperdible en las afueras de Bangkok.

Ver los mercados flotantes es un plan imperdible en las afueras de Bangkok.

 
Descontamos que, aun sumidos en las milenarias tradiciones budistas, en medio del aire espiritual que domina los muchos templos de la capital de Tailandia, el apetito pedirá auxilio. Será momento de pararse frente a alguno de los cientos de puestos y carritos callejeros (la variedad no tiene igual) que hacen al paisaje de Bangkok. Bah, siempre que no sea lunes… Porque el primer día de la semana es considerado “jornada de limpieza” y prácticamente no abre nadie ni nada.

Los otros seis días de la semana conviene ir a la calle Yaowarat, en el distrito Samphanthawong (algo así como el barrio chino de Bangkok). Esta es “la” calle para comer, de parado, algunas delicias locales: desde la típica sopa de fideos thai hasta platos con cerdo (infaltable en esta cocina) o algún wok de verduras salteadas con (o sin) pescados y mariscos.

En materia de mercados hay que agendarse una pasada por el Chatuchak, al norte de la ciudad, un recomendable paseo de fin de semana si se está dispuesto a caminar: es el mayor mercado de Tailandia y uno de los más grandes del mundo.

Además, aunque en general funcionan temprano por la mañana y los platos preparados no son el fuerte (sí las especias; sí las frutas y verduras), vale la pena conocer los mercados flotantes en las afueras de Bangkok, como el Damnoen Saduak y el Bang Khu Wiang.

Nuevamente, atención: la comida tailandesa puede ser claramente agridulce y enfáticamente picante. Si se solicita a tiempo que bajen un cambio, será posible evitar un momento verdaderamente hot.

Sin contar el café helado -ideal para paliar el calor insportable que podría azotar la ciudad- y el tentempié tan controvertido de las cucarachas fritas (las venden en carritos ambulantes y se degluten como cualquier otro snack), dos platos magníficos son el sam tam, una exótica ensalada con papaya, castañas de cajú y camarones, y el kaeng mus sa mun, de sabor más bien dulce: acompañado de arroz, lleva papa, ananá, castañas de cajú, hierbas, vinagre, pollo, carne de vaca y ajo.

Otra delicia es una suerte de sopa hecha en wok que se llama pha naeng: se prepara con carne, pollo o cerdo, y se destaca por el inconfundible sabor a leche de coco, un ingrediente básico en la cocina tailandesa.

También los postres siguen esa línea “agridulzona”. Deliciosos (¡deliciosos!) son el arroz con leche de coco y mango, y el kluay hurm tod, un típico plato que se preparara a base de bananas fritas. Para la digestión, una caminata o paseo motorizado a bordo de un divertido tuk tuk (www.tourismthailand.org).

 

Por las calles de Vietnam en busca de la esencia oriental

Las calles de la ex Saigon son un mundo paralelo. De los típicos arrolladitos primavera al goi bo nuong de xa voi tac va ca san, una rica carne a la parrilla con naranja, brotes de mostaza, limón y berenjenas blancas.

Antes era Saigón y hoy es Ciudad Ho Chi Minh, el nombre oficial de la mayor concentración urbana de Vietnam y una de las relevantes delsudeste asiático. Pero a la imagen de una multitud apretada en las calles de un lugar remoto en el Lejano Oriente habría que contraponerle una segunda fotografía: el primer plano de una mujer u hombre cocinando solitarios, en un banquito improvisado, con ollas humeantes delante, un wok y alimentos frescos en cantidad, para dar forma a varios platos populares de precio módico que se venden en plena calle.

Comida al paso en Vietnam.

Comida al paso en Vietnam.

Este es el encanto de la comida vietnamita. Recién hecha, se replica en un juego de acumulación visual: uno tras otro, los puestos o carritos despojados, al mando de cocineros comunes. Se dice que la ex Saigón parece un restaurante a cielo abierto. 

Uno de los símbolos de la ciudad es el mercado Ben Thanh, en funcionamiento desde el siglo XIX. Su primer nombre, fue Les Halles Centrales, en consonancia, claro, con Francia, que dominaba la zona en esos años bajo el nombre de “Conchinchina” (y su capital, Saigon).

comida callejera, Vietnam
En el mercado, de techo cerrado, se pueden adquirir productos textiles, adornos y demás etcéteras. Hay un buen lugar reservado a la comida vietnamita, con sus exquisiteces de renombre internacional.

Por ejemplo, la famosa pho bo, sopa de carne y fideos, o, como se llama localmente a las empanaditas chinas (rollitos primavera), porciones de gio.

Sin contar la variedad de platos con mariscos (bien vietnamita), otra opción para degustar al paso es el goi bo nuong de xa voi tac va ca san, una deliciosa carne a la parrilla que se combina de manera genial con naranja, brotes de mostaza, limón y berenjenas “bebé” blancas.

Para una experiencia parecida, vale la pena darse una vuelta por el mercado Binh Tay, en el distrito 6 de la ciudad. Y, además, hay arterias urbanas que se destacan por la acumulación de puestos de comida a sus lados. Algunas favoritas por los viajeros y que vale la pena conocer son las calles Van Kiep, Su Van Hanh, Phan Van Han y Co Giang (www.vietnamtourism.com).

 

Arroz, leche de coco y picante: la gran fórmula malaya

La comida al paso en este destino del sudeste asiático se despliega a lo grande en George Town, en el estado de Penang. Los callejones secretos y mercados imperdibles.

Aromas al paso en el callejón Lebuh Presgrave.

Aromas al paso en el callejón Lebuh Presgrave.

 
George Town, capital del estado de Penang, no será la capital deMalasia pero sí -dicen los glotones con máster en streetfood- es una sede mundial de la comida al paso. Una vez aquí, en este fascinante y, desde nuestros zapatos occidentales, exótico país del sudeste asiático, hay que salir a buscar lo que en el inglés se denominan hawkes, los puestos callejeros agrupados en ferias. No habrá que andar mucho.

Pero antes de ir a los sitios concretos, lo interesante es empararse del particular collage multiétnico que se evidencia en este país: tan extrañamente occidental, a veces, como chino e indio. Y no le faltan los rasgos que le aporta el mundo tailandés, javanés, sumatra y el plenamente malayo. En este sentido, en su pluralidad cultural, la gastronomía callejera de Malasia es prima hermana de la que el viajero encontrará en su vecina Singapur, otra meca mundial del streetfood.

El chile picante, la leche de coco y el arroz vienen a ser el “abc” de la cocina local. Sería un error matarse por conseguir un hotel con desayuno cuando en todas partes se ofrece el clásico desayuno malayo, con sus inmejorables tamales -versión local-, es decir, los nasi lemak: porciones de arroz hervido en leche de coco y envueltos, luego, en hojas de pandan, una planta típica de las regiones tropicales.

En George Town hay muchas y muy concurridas ferias de comida. Un ejemplo son los puestos de New Lane, en la intersección de las calles Lorong Baru y Jalan Macalister. Cuando el tránsito se cierre a media tarde, los puestitos de comida abrirán sus puertas (un aplauso para los puesteros que distribuyen, a los caminantes agotados, sillas y mesas de plástico). 

El corredor costero de Gurney Drive es otra zona recomendable con puestitos. A no perderse un plato de char kway teow, típico de Malasia y Singapur, que literalmente singifica “fideos planos fritos”: lleva fideos anchos, salsa de soja, chile, camarones, berberechos, huevos, ajo y porotos negros. Bien bomba.

Presgrave es otro de los rincones urbanos donde vale la pena pasar a probar sabores novedosos. Dos cosas a tener en cuenta: uno, se ubica en un callejón (Lebuh Pregrave) un poco escondido de Georgetown y, dos, no tiene sentido ir hasta allá si se busca una comida livianita o light.

No se vaya sin su hae mee, fideos al huevo en una sopa de carne (muy concentrada) con una buena dotación de langostinos (o en el peor de los casos, camarones). Esto no es todo: además, cerdo, pescado, brotes de soja y cebolla. De todo y para chuparse los dedos (www.tourism.gov.my).

COMER. BEBER. SABER. VIAJAR. CRECER